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lunes, 20 de julio de 2015

'The Sun' y el brazo alzado de Isabel II

Harry the Nazi. La foto publicada a toda página por el diario británico The Sun el 13 de enero de 2005 provoca un escándalo a la altura de sus circunstancias. Su protagonista, que en el momento de ser cazado por la cámara se encuentra en una fiesta de disfraces, viste un remedo de uniforme del Afrika Korps, la fuerza expedicionaria que la Alemania nazi envió al norte de África a combatir a los Aliados en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial.

El personaje fotografiado agrega a su disfraz un brazalete con la esvástica nazi que en la realidad no formaba parte de la guerrera del Afrika Korps. Se lo añadió él porque así lo quiso. El gesto no iría más allá de una actitud reprobable por lo que ese símbolo representa pero, viniendo de quien viene, la gravedad se multiplica por varios cientos. Harry el nazi era el príncipe Enrique de Inglaterra, entonces tercero en la línea de sucesión al trono del Reino Unido

Cuando se captó esa fotografía, el príncipe Harry tenía 20 años, edad más que suficiente para comprender el significado de ese brazalete que lució sin pudor. Un miembro de la familia real británica ataviado con motivos nazis. Hecho noticioso claro. Portada de The Sun al canto. Y totalmente justificada

No es tan justificable, en cambio, la portada que el mismo medio sacó a la luz hace dos días. El tabloide publicó en su primera página una imagen de 1933, en la que aparecen cuatro integrantes de la realeza británica. En primer término, la actual reina, Isabel II, que en esa fecha tenía siete años. La flanquean su madre, la entonces princesa Isabel (1900-2002), y su hermana Margarita (1930-2002). Tras las niñas, su tío, quien tres años después se ceñiría la corona como Eduardo VIII

Madre e hija mayor alzan el brazo al uso nazi. Es evidente que una niña tan pequeña no podía ser consciente del gesto que su tío se aplicaba en enseñarle. Es también evidente que su madre sí lo era o estaba obligada a serlo, como dice este titular de The Times. Pero es aún más evidente que la progenitora de Isabel II plantó cara al nazismo quedándose junto a su marido, Jorge VI, en el Londres bombardeado incesantemente por los alemanes entre 1940 y 1945. Los reyes pudieron haberse refugiado en algún lugar seguro lejos del radio de acción de los Stukas y los Heinkel nazis. Por ejemplo en el castillo de Balmoral (Escocia), donde se filmaron las imágenes reveladas por el medio sensacionalista. Pero no lo hicieron.

En el editorial titulado Las imágenes que teníamos que publicarThe Sun se justifica en el "significado histórico" que les da "la participación del tío de la reina, Eduardo". Por supuesto que las imágenes tienen interés. Otra cosa es el trato que se les ha dado a esas imágenes. 

The Sun miente al explicar la razón de su revelación. Las simpatías nazis de Eduardo VIII son de sobra conocidas desde hace décadas. Luego, en ese sentido, el tabloide no aporta nada nuevo. No se da el hecho noticioso que sí hubo con la portada de Harry el nazi

En su editorial, The Sun se esfuerza en dejar claro que no busca perjudicar a la reina ni a su familia con frases como las siguientes: "Las fotografías deben verse en el contexto de 1933", "Isabel y Margarita eran niñas", "Nadie sabía entonces de qué sería capaz Adolf Hitler" y destaca que Isabel II aportó su grano de arena a la victoria contra los nazis "alistándose en 1942". Entonces, ¿por qué este titular con capcioso juego de palabras incluido?



"Heilnesses" es una deformación de la palabra inglesa highnesses, que significa altezas. Así, de "sus altezas reales" pasamos a incluir en la frase el término alemán heil, el utilizado al hacer el saludo nazi: heil Hitler. Si lo que The Sun buscaba era destacar la actitud del príncipe Eduardo, debió titular la exclusiva centrándose en él, no repartiendo las culpas entre todas las "heilnesses". Valdrían perfectamente titulares como Eduardo, el maestro nazi, El aleccionador nazi o cualquiera de ese estilo. 

Lo que ha hecho The Sun, aparte de multiplicar sus ventas, es dar pie a que muchos de sus lectores pretendan extender las querencias filonazis del duque de Windsor a todos sus familiares cercanos. Y hacer eso, consciente o inconscientemente, es difamar a estos.

No hay nada negativo en el hecho de divulgar las imágenes. Lo malo ha sido su mensajero, un diario sensacionalista. Sin duda, un documental de televisión -y en el Reino Unido hay unos cuantos canales de calidad- habría explicado lo ocurrido en su contexto. 

viernes, 3 de abril de 2015

Sturgeon, la independentista de no se sabe dónde

Muchas veces sólo se leen los titulares. Otras, los titulares y los subtítulos o sumarios que los acompañan y completan. Y al que sigue a este párrafo le falta alguna que otra aclaración:

Tras haber leído este texto publicado por la edición digital del periódico El Mundo, sabemos que se celebró un debate electoral en el Reino Unido y que lo ganó una mujer de apellido Sturgeon. Sabemos que fue la vencedora porque nos lo cuenta la firma especializada en encuestas YouGov. Pero lo que no sabemos es de quién quiere independizarse -o de dónde procede- Nicola Sturgeon, dado que el editor de esta crónica no nos lo dice. 

La política en cuestión no es tan conocida para los lectores españoles, luego no debería omitirse cuál es su tierra de origen, es decir, Escocia. Si hablamos de independentistas, en el Reino Unido no los hay únicamente escoceses, sino que también se encuentran en los territorios de Gales e Irlanda del Norte. Por ello, lo adecuado sería aclarar en alguna parte que Nicola Sturgeon es escocesa y / o que lidera un partido pro independencia de Escocia llamado SNP -Partido Nacional Escocés, por sus siglas en inglés-. 

¿Cómo hacerlo? Por ejemplo, resumiendo un poco más el titular (La independentista escocesa Sturgeon se gana a los británicos), pero hay otra forma que es quizá mejor: dando en el primer subtítulo más información sobre Sturgeon -y evitando así repetir su nombre en titular y subtítulo-. Y para aportar esos datos extra, sería útil mencionar el nombre del partido en el que milita la ministra principal de Escocia: El sondeo de YouGov proclama vencedora a la líder del SNP.  

miércoles, 22 de octubre de 2014

¿Quién es el presidente Abbott?

Ahora mismo podemos leer este titular en la portada de elmundo.es:


Y el lector se preguntará quién es el presidente Abbott. 
Las declaraciones entrecomilladas que acompañan al titular no ayudan mucho a aclarar su identidad. Si el destinatario de las amenazas del menor australiano enrolado en el Estado Islámico (EI o IS si se opta por sus siglas en inglés) es el presidente Abbott, habría que contar quién es. Con todo el respeto para ese político, no es tan conocido como el inquilino de la Casa Blanca -Barack Obama- ni la del Palacio de Buckingham -la reina Isabel de Gran Bretaña e Irlanda del Norte- aunque comparta con estos dos la condición de objetivo del EI. 

Quien ha elegido el titular da por entendido que Tony Abbott es australiano al hablar de un joven terrorista de esa nacionalidad que apunta contra él. Hasta ahí, todo correcto. Sin embargo, Abbott no es presidente de Australia, pues ese cargo no existe

Australia es un Estado independiente, pero no una república. La forma de gobierno de ese país es la monarquía, y quien lleva la corona es la ya aludida Isabel II. Hoy lo que toca no es recordar los lazos que unen a Australia con el Reino Unido, sino aclarar quién ejerce las funciones de gobierno en ese país oceánico. Y ese puesto no es del de presidente, sino el de primer ministro

Por ello, el titular no es válido. Podría solucionarse sustituyendo "presidente Abbott" por "primer ministro". En la entradilla o sumario se debería explicar que son amenazas al jefe del Gobierno de Australia. También habría que incluir las advertencias a la Casa Blanca. Para mencionar el Palacio de Buckingham, hay que reconocer que no quedaría suficiente espacio. 

miércoles, 17 de octubre de 2012

Reino Unido, Gran Bretaña, Inglaterra, Escocia...

El Periódico de Catalunya publicaba el 16 de octubre de 2012 en su portada que Gran Bretaña autorizará a Escocia a organizar un referendo. En la entrada de ayer avancé que esa idea contiene un error y que en la siguiente entrega daría la explicación. Allá vamos. 

Gran Bretaña no existe como Estado soberano; por lo tanto, no podrá autorizar nada a Escocia. La entidad que sí goza de la categoría de Estado es el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, Reino Unido para los amigos (y para cualquiera). Así es que El Periódico debió publicar que es el Reino Unido el que autoriza a los escoceses a celebrar esa consulta popular. 

Son muchos los que confunden Inglaterra, Gran Bretaña y Reino Unido, incluso entre los habitantes de las propias Islas Británicas. La diferencia entre todos estos conceptos no es demasiado fácil a simple vista, pero con un poco de atención se puede comprender. Hemos quedado en que el nombre completo del Estado es Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Veamos en primer lugar qué es Gran Bretaña, aparte de la más extensa de las Islas Británicas. 

En esa isla hay tres naciones -que no son estados-. La de mayor superficie y población es Inglaterra. En la zona suroeste se encuentra Gales y el norte lo ocupa Escocia. En resumen, Gran Bretaña = Inglaterra+Gales+Escocia

Reino Unido es la suma de Gran Bretaña más un territorio ubicado en la isla vecina -Irlanda- y conocido como Irlanda del Norte. Esa unión da como resultado un Estado soberano: el Reino Unido. 


La confusión acerca del Reino Unido y Gran Bretaña puede achacarse a muchos aspectos. Por ejemplo, la ausencia de un gentilicio que diferencie al Estado de lo que forma parte de él: tanto para Reino Unido como para Gran Bretaña el gentilicio es británico. Y tampoco ayuda que en los Juegos Olímpicos y otras competiciones deportivas la selección que representa al Reino Unido participe bajo el nombre de Gran Bretaña.



Incluso contribuye a la empanada mental que muchos automóviles procedentes del Reino Unido -lo que, insisto, incluye a los norirlandeses- porten una placa con estas iniciales: GB. Los británicos pueden ser muy peculiares, pero ningún medio español debe escudarse en esas singularidades para no llamar a las cosas por su nombre.